Conocer un proyecto en profundidad puede dificultar la selección porque quien está dentro dispone de un contexto que la persona que escucha todavía no comparte.
Saber mucho de tu proyecto no es un problema.
El problema aparece cuando das por hecho que la persona que tienes delante dispone del mismo contexto que tú.
Después de meses o años trabajando en algo, determinadas conexiones se vuelven obvias.
Sabes por qué una decisión fue necesaria.
Qué alternativa se descartó.
Por qué un detalle aparentemente pequeño importa.
Qué ocurrió antes de llegar a la solución actual.
Todo eso forma parte de tu mapa mental.
La persona que escucha acaba de llegar.
Y ahí puede aparecer una distancia difícil de detectar desde dentro.
Detalle y contexto no son lo mismo
Una distinción que me resulta útil es separar detalle de contexto.
El detalle dice:
cómo funciona algo;
qué dato obtuvimos;
qué especificación tiene;
qué ocurrió en determinada prueba.
El contexto permite entender por qué ese detalle importa.
Quien conoce un proyecto desde dentro puede saltar directamente al detalle porque ya tiene construido el marco en el que encaja.
La persona que escucha puede necesitar primero ese marco.
Si recibe el dato antes de saber qué problema resuelve o qué relación tiene con lo que se está discutiendo, tendrá que hacer por su cuenta el trabajo de situarlo.
Y quizá no pueda hacerlo en el tiempo disponible.
Saber mucho sigue siendo una ventaja
No se trata de saber menos.
Ni de eliminar matices porque sean complicados.
El conocimiento profundo es precisamente lo que permite responder bien cuando aparecen preguntas.
Lo que necesita trabajo es la selección.
De todo lo que sé:
¿qué necesita saber esta persona ahora?
No:
¿qué podría contar?
La primera pregunta obliga a priorizar.
La segunda puede no terminar nunca.
La selección es una renuncia
Hay una parte incómoda en preparar una buena presentación:
dejar fuera información cierta.
Incluso buena información.
Incluso información que ha costado mucho conseguir.
Porque su valor dentro del proyecto no determina automáticamente su valor dentro de esta conversación.
Seleccionar no significa ocultar.
Significa asignar cada información al momento en el que realmente cumple una función.
Una parte puede entrar en la presentación principal.
Otra puede quedar preparada para preguntas.
Otra pertenece a documentación complementaria.
Y otra, sencillamente, no hace falta en ese hito.
El orden cambia el significado
Seleccionar tampoco basta.
El orden importa.
Un detalle que aparece sin contexto puede resultar incomprensible.
El mismo detalle, después de entender el problema y la consecuencia, puede convertirse en una prueba muy potente.
Por eso no sólo preguntaría:
¿Qué tengo que contar?
También:
¿Qué tiene que entender antes para que esto tenga sentido?
La presentación empieza a parecerse menos a un almacén de información y más a un recorrido.
Un ejemplo
Imaginemos un equipo técnico que debe presentar su proyecto ante un comité que no conoce el desarrollo con el mismo nivel de profundidad.
El equipo prepara una exposición muy completa.
Incluye validaciones, decisiones de diseño, resultados y numerosas especificaciones.
Nada de lo que cuenta es incorrecto.
Pero el comité tiene que hacer un esfuerzo constante para distinguir qué información cambia realmente la valoración del proyecto y cuál es simplemente contexto técnico.
El problema no sería “demasiado rigor”.
Sería que la jerarquía que existe en la cabeza del equipo no se ha hecho visible para quien escucha.
Mirar desde fuera sin fingir que eres de fuera
Es difícil olvidar lo que sabes.
Tampoco hace falta.
Lo que sí puedes hacer es introducir deliberadamente una segunda perspectiva.
Preguntarte:
¿Qué estoy dando por supuesto?
¿Qué término utilizo sin explicarlo porque llevo dos años utilizándolo?
¿Qué relación entre dos ideas me parece evidente y quizá todavía no lo sea?
¿Qué parte necesito realmente para esta situación?
Esa distancia no sustituye el conocimiento del proyecto.
Lo hace comunicable.
Porque saber muchísimo puede ser una enorme ventaja.
Siempre que no obliguemos a quien acaba de llegar a reconstruir en veinte minutos el contexto que nosotros hemos tardado años en adquirir.