Cómo explicar algo técnicamente complejo sin volverlo superficial

Claridad y rigor no son necesariamente fuerzas opuestas. Explicar algo complejo exige organizar el nivel de detalle, el contexto y la jerarquía de la información para una audiencia concreta.

Hay una preocupación legítima cuando toca explicar una tecnología compleja a alguien que no comparte el mismo nivel de especialización:

“Si lo simplifico demasiado, dejará de ser verdad.”

Es una buena preocupación.

Porque existe una diferencia enorme entre hacer algo claro y hacerlo superficial.

Pero precisamente por eso conviene separar dos problemas.

Uno es la precisión de lo que afirmamos.

Otro es cómo organizamos esa información para que alguien pueda seguirla.

No son exactamente lo mismo.

La precisión necesita contexto

Un término técnico puede ser la forma más precisa de expresar algo.

No hay ninguna obligación de sustituirlo por una metáfora infantil si la audiencia puede entenderlo.

El problema aparece cuando utilizamos vocabulario, datos o detalles cuya función dentro del argumento sólo es evidente para quien ya conoce el contexto.

La pregunta no es:

“¿Puedo usar tecnicismos?”

La pregunta es:

“¿Qué necesita saber esta persona para entender qué significa esto aquí?”

A veces será necesario explicar el término.

A veces no.

A veces será suficiente introducir primero la consecuencia.

Trabajar por capas

Una manera que me resulta útil para conservar profundidad sin descargarla toda de golpe es trabajar por capas.

Primera capa: lo esencial

¿Qué es esto y por qué importa en esta situación?

No todo el proyecto.

El punto de entrada.

Segunda capa: lo que sostiene la afirmación

¿Qué información necesita la persona para confiar en que lo que decimos tiene fundamento?

Datos.

Proceso.

Evidencia.

Comparación.

La que corresponda.

Tercera capa: profundidad disponible

Aquí queda el detalle que no necesita aparecer necesariamente en la exposición principal, pero que debemos dominar si alguien pregunta.

Metodología.

Especificaciones.

Limitaciones.

Matices.

Supuestos.

Trabajar por capas no elimina nada.

Evita exigir a todo el mundo que atraviese la tercera capa antes de poder entender la primera.

Jerarquía antes que cantidad

Un proyecto técnicamente complejo puede contener cientos de datos verdaderos.

El problema no es que sean muchos.

El problema aparece cuando todos reciben el mismo peso.

Si un dato crucial y un detalle secundario se presentan exactamente con la misma jerarquía, quien escucha tiene que decidir por su cuenta cuál importa.

Y quizá no tenga información suficiente para hacerlo.

Ahí claridad significa hacer visible esa jerarquía.

Esto es central.

Esto lo demuestra.

Esto explica una limitación.

Esto sólo hace falta si quieres entrar más a fondo.

Consecuencia

Otra herramienta útil es conectar cada dato importante con su consecuencia.

No basta con:

“El sistema consigue X.”

Puede ser necesario añadir:

“Y eso importa aquí porque…”

No para adornarlo.

Para explicar qué función cumple ese dato dentro de la situación que estamos tratando.

Una misma especificación puede ser determinante para un responsable técnico y secundaria para un perfil financiero.

La precisión sigue siendo exactamente la misma.

Cambia el contexto que le damos.

Un ejemplo

Imaginemos una tecnología industrial presentada ante un comprador que no es especialista en ese campo.

El equipo podría empezar por una explicación detallada del proceso.

Sería rigurosa.

Pero quizá el comprador todavía no sepa qué problema operativo está resolviendo ese proceso.

Otra opción sería empezar por la consecuencia relevante para su operación y, después, explicar qué parte de la tecnología permite obtenerla.

Cuando aparezcan preguntas técnicas, existe una capa más profunda preparada para responder.

No hemos eliminado complejidad.

Hemos decidido cuándo aparece.

Claridad no significa hablar como si la audiencia no supiera nada

Éste es otro riesgo.

Intentar “hacerlo fácil” puede resultar condescendiente o impreciso.

Una audiencia no especializada en tu tecnología puede tener un conocimiento enorme de negocio, operaciones, regulación, finanzas o cualquier otra disciplina.

No hay que rebajar el nivel.

Hay que identificar qué contexto comparte y cuál no.

Y construir desde ahí.

La pregunta final

Antes de explicar algo complejo me haría tres preguntas:

¿Qué es esencial para entender la idea?

¿Qué evidencia necesita para sostenerla?

¿Qué detalle debe estar disponible si alguien quiere profundizar?

Esa separación permite mantener algo que para mí es importante:

hacer accesible una idea sin fingir que es más sencilla de lo que realmente es.

Porque claridad y profundidad pueden convivir.

El trabajo está en decidir en qué orden aparecen.


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