Antes de abrir PowerPoint: qué conviene decidir

Las decisiones principales de una presentación no deberían quedar subordinadas al editor de diapositivas. El soporte visual puede ayudar a pensar, pero no sustituye las decisiones estratégicas sobre objetivo, audiencia, selección y estructura.

Hay una manera muy fácil de sentir que una presentación avanza:

abrir PowerPoint.

Cambiar el titular.

Mover una gráfica.

Eliminar una diapositiva.

Añadir otra.

Reordenar cinco.

Al final de una hora hay algo visible que antes no estaba.

Y eso tiene valor.

El problema aparece cuando el deck empieza a resolver preguntas que todavía no hemos contestado.

Porque algunas de las decisiones más importantes de una presentación no son visuales.

Antes de la primera diapositiva

Antes de decidir cómo enseñar algo, me interesa tener razonablemente claro:

¿Qué tiene que ocurrir después de esta presentación?

No “causar buena impresión”.

Algo concreto.

Conseguir una siguiente reunión.

Que se valore una propuesta.

Que un comité pueda comparar alternativas.

Que una dirección autorice el siguiente paso.

Después:

¿Quién va a estar delante?

¿Qué sabe ya?

¿Qué necesita comprender?

¿Qué puede preocuparle?

¿Qué parte del proyecto no necesita conocer en este momento?

Y después otra pregunta que suele ser más incómoda:

¿qué está realmente en juego?

Si la respuesta es sí, ¿qué cambia?

Si es no, ¿qué ocurre?

Sin esa tensión, una presentación puede convertirse fácilmente en una descripción correcta de algo sin una razón clara para avanzar.

El deck puede ayudar a pensar

Esto no significa que esté prohibido abrir PowerPoint hasta tener cada palabra cerrada.

El trabajo real es más iterativo.

A veces una diapositiva hace visible que una idea no está suficientemente clara.

Un esquema obliga a ordenar algo que todavía era confuso.

Una gráfica revela que el argumento necesita otra estructura.

El soporte puede ayudar a pensar.

Lo importante es no confundir esa iteración con la decisión estratégica.

Si llevamos veinte versiones de una diapositiva sin saber exactamente qué necesita comprender la persona que la verá, quizá el problema no esté en la diapositiva.

Qué información merece entrar

Cuando conocemos bien un proyecto, la cantidad de información disponible suele ser superior a la que cabe —o tiene sentido incluir— en una sola presentación.

Así que aparece una decisión editorial:

qué es imprescindible;

qué sirve de prueba;

qué aporta contexto;

qué puede esperar al turno de preguntas;

y qué simplemente no pertenece a esta presentación.

La selección no debería depender de “esto siempre lo contamos”.

Ni del orden en el que se produjo la información.

Debería responder a la lógica de esa conversación.

La evidencia también necesita una función

No toda evidencia disponible tiene que entrar.

Un dato puede ser muy sólido y no ser el dato que esta audiencia necesita para seguir el argumento.

Otra evidencia aparentemente más sencilla puede cumplir mejor esa función.

No porque sea más espectacular.

Porque responde a una duda concreta.

Por eso antes de añadir una cifra preguntaría:

¿Qué tiene que demostrar aquí?

Si no sabemos responder, quizá el dato todavía no tenga sitio.

Un ejemplo

Imaginemos un equipo preparando una presentación para un comité de inversión.

Durante dos semanas trabaja sobre el deck.

Cambia gráficos, textos, diseño y orden.

El documento mejora.

Pero nadie ha formulado todavía una frase sencilla que explique cuál es la razón principal por la que ese comité debería seguir estudiando la oportunidad.

El trabajo visual no ha sido inútil.

Simplemente estaba intentando resolver una pregunta que pertenece a otra capa.

El orden de trabajo

Mi principio no es:

“No abras PowerPoint hasta que todo esté cerrado.”

Es más sencillo:

No pidas a PowerPoint que decida lo que deberías decidir tú.

Objetivo.

Audiencia.

Qué está en juego.

Qué información importa.

Qué evidencia necesitamos.

Qué queremos que quede claro.

Y qué estructura permite recorrer todo eso sin obligar a quien escucha a reconstruir el argumento.

Después el deck puede hacer muy bien su trabajo.

Pero ya sabe para qué existe.


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